En unas semanas, las finales de abril y primeras de mayo, tendrá lugar, como cada año, en los altos valles pirenaicos y cantábricos el inigualable cortejo nupcial del urogallo. Quienes hemos tenido la suerte de presenciarlo en directo lo recordamos como uno de los momentos más inolvidables vividos en la naturaleza. El urogallo común ( Tetrao urogallus) mantiene en España dos núcleos muy diferenciados en la Cordillera Cantábrica (subbs cantabricus) y en los Pirineos (subbs aquitanicus). Los urogallos cantábricos se encuentran en difícil situación, despareciendo cada año de clásicos enclaves y en estos momentos hay un Plan de Recuperación de la especie, que incluye la tan controvertida, cría en cautividad. Las pérdidas de sus hábitat, los innumerables proyectos de parques eólicos, la proliferación del jabalí están entre las causas de ese declive. El urogallo en la Cordillera cantábrica ocupa sobre todo bosques de robles melojos e incluso se pueden dar en algún eucaliptal. y en altitudes desde los escasos 1000 m s.n.m.
En Aragón el urogallo ocupa bosques de pino negro y pino silvestre entre los 1300 y 2200 m s.n.m, con sotobosques de predominio de rododendro y arándano lo que nos lleva a suelos ácidos. En los Valles occidentales se puede dar en las formaciones de hayedo-habetal por su influencia atlántica. En Aragón diferenciaremos dos núcleos principales, el más numeroso en las comarcas de Sobrarbe y Ribagorza y el escaso de los valles occidentales de la Jacetania. Este último núcleo puede tomar contacto con los ejemplares navarros y franceses, mientras que el primer núcleo lo hace con los ejemplares leridanos que es donde en mejor situación poblacional se encuentra esta especie en España.
En los años 90 se estimaban del orden de 150 machos y los últimos censos en cantaderos arrojan la cifra de 42 machos, estimándose que poseamos en nuestras tierras aragonesas del orden de 50 machos ( la tercera parte de hace 20 años) Las causas de este declive las tenemos que buscar en una variada relación de factores entre los que no va a ser ajeno el cambio climático, la alteración de sus hábitats, la incidencia de predadores naturales, fundamentalmente el jabalí, en época de nidificación, furtivismo, proliferación de complejos turísticos invernales y baja tasa de supervivencia juvenil. Como consecuencia de todo esto el Gobierno de Aragón sacó a finales del 2010 un Plan de protección del urogallo y conservación de su hábitat, que creo, no se ha aprobado todavía ya que ha recibido una fuerte contestación por los habitantes y cazadores de las comarcas afectadas.
Como decía más arriba he tenido la suerte de presenciar “en directo” el celo del urogallo en varias ocasiones, en cantaderos pirenaicos con objeto de su fotografía. La secuencia del mismo vale la pena relatarlo y con ello revivir esos inolvidables momentos.
El hide llevaba instalado un tiempo en el cantadero con claro objetivo de no recelo por parte de los urogallos. Las fechas elegidas eran dentro de la primera quincena de mayo y con una previa consulta acerca del tiempo ya que no era raro que en los tres días de “trabajo” jarreara alguno de ellos. Tras una aproximación al cantadero dejamos los vehículos y nos dispusimos a la caminata de unos 45 minutos hasta el hide a través de un pinar maduro de pino silvestre y pino negro a mayor altura, ya que el cantadero estaba sobre los 1600 m s.n.m. Llegamos al hide sobre las 18,30 horas y había que introducir todo dentro del mismo ( saco de dormir, mochila, equipo fotográfico….) ya que a partir de las 19 horas podrían llegar los machos a tomar sus posiciones en el cantadero. El técnico no se equivocaba ya que a partir de la hora dicha un estruendo fue oido y pudimos ver como con un pesado y rápido vuelo un macho de urogallo llegaba a la zona de celo y se apostaba en una rama de un pino de la zona. Media hora más tarde el mismo protocolo y un segundo macho llegó.
No nos enteramos de la llegada del tercero y con la caida de la noche nos dispusimos a abrir nuestros sacos e intentar dormir….aunque en todas las ocasiones el dormir fue mínimo. Con la llegada de la noche oimos el ulular del Mochuelo boreal que críaba no muy lejos, pudimos ver el zigzagueante vuelo de la Chocha perdiz y algún ladrido de corzo, quizás oliéndonos, rompió la quietud del momento.
El cantadero como he dicho estaba situado a 1600 m. s.n.m. en un espeso y muy maduro pinar de pino silvestre con muchos troncos caidos y poco espacio limpio y claro para poder efectuar las fotografías .La noche trascurrió en vela y allá a las 5,30 de la madrugada empezó la sinfonía de los machos que estaban encima de nuestro hide. El canto comenzaba con un gutural “tic-ap” débil y repetido que se aceleraba y terminaba con un “gop” ( de sacacorchos), seguido de una breve estrofa de siseo o cuchicheo. Tres machos de urogallo cantando encima de nuestras cabezas en la fresca madrugada pirenaica es una experiencia única e imposible de olvidar.La sinfonía duraba y duraba hasta que sobre las 6,15 horas escuchamos un “coc,coc”, reclamo inconfundible de la urogallina que entraba en el área del cantadero y todo el proceso siguiente del celo se iba a desencadenar. Oimos ruidos de vuelo al suelo que efectuaron los machos (se entablaron luchas entre ellos muy audibles) y nos dispusimos a captar esas posibles imágenes. Tengo que decir que esta experiencia tuvo lugar ya hace años en los que todavía la tecnología digital no existía o era muy incipiente.
Llevábamos buenos teles Nikkon de aberturas 2,8 y películas Fuji de 200, 400 y hasta 800 ASA. Las fotografias de esa jornada ilustran este artículo y sólo con pensar en las posibilidades que un cuerpo digital nos hubiera dado para efectuar tomas en condiciones escasas de luz, los resultados se habrían podido mejorar. Las luchas de los machos y la cubrición de la urogallina no entraron en nuestro foco ya que como digo el cantadero se situaba en un espeso pinar con pocos claros en los que no se situaron las aves. Cantos, carreras aleteos, se sucedieron hasta que sobre las 8,30 y con la salida del cantadero de la urogallina el proceso del celo llegó a su fin seguido de los vuelos a sus sitios de reposo de los machos, con lo que sobre las 10 h y tras comprobar que ya no quedaba ningún ejemplar en el cantadero, salimos del hide y nos alejamos dela zona hasta que a las 18 horas del mismo día volviéramos a reanudar el proceso. Mi acompañante en esta inolvidable jornada relatada fue Ricardo Vila.
Lo dicho experiencia única vivida en el Pirineo y que cada año se da en las comarcas oscenses antes citadas. Ojalá que este recóndito espectáculo se pueda dar por muchos años y que las poblaciones de urogallo se vayan recuperando aunque es más un deseo que una realidad, ya que las tozudas cifras dicen lo contrario tras los censos anuales. Veremos la trayectoria y consecuencias de ese plan de la DGA para la protección del urogallo y conservación de su hábitat.
Texto y fotografías: José Mª Cereza Abadias










