Reflejos de Naturaleza » pirineos http://www.asafona.es/revista La revista on-line de ASAFONA Tue, 17 Mar 2015 11:57:22 +0000 en hourly 1 http://wordpress.org/?v=3.3.1 Otal, donde el hombre hizo paisaje http://www.asafona.es/revista/?p=2913 http://www.asafona.es/revista/?p=2913#comments Mon, 31 Oct 2011 22:23:25 +0000 Juan Brioso Mairal http://www.asafona.es/revista/?p=2913

Nunca hallé tiempo para acercarme hasta el abandonado mundo de Otal y hoy que lo consigo me embarga una otoñal tristeza por no haberlo conocido antes. Sí, lo llamo mundo antes que pueblo pues Otal, en esa recóndita zona que los lugareños han llamado  Sobrepuerto, debió formar con sus vecinos Basarán, Ainielle, Cillas, Cortillas… y otros núcleos aledaños su propio universo. Un universo aislado y singular que hoy todavía conserva su paisaje rudo y salvaje en el que languidecen día a día los vestigios de la ocupación humana que contribuyó a su aspecto. Y es que, cuando se integra en él de manera respetuosa, el ser humano forma parte indisoluble del paisaje natural.


Para bien y para mal, Otal ha vivido siempre su aislamiento. A día de hoy es uno de los pocos lugares de nuestra comunidad a los que no llega carretera ni pista. Solo un complejo entramado de senderos actualmente recuperados y generosamente balizados nos facilita el acceso. Tal vez por ello conserva la formidable belleza de su entorno tapizado por bosques y praderas rematados por la obra paciente del abancalamiento al que fueron sometidas las laderas de sus puertos. Allí mientras nuestros sentidos se regalan los húmedos aromas del bosque y la inacabable sinfonía de sus moradores compartimos nuestras horas con una exigua ocupación ganadera en absoluto molesta.

Pero su aislamiento también trajo consigo el fantasma de la despoblación y con ella el abandono y la ruina. Sus bancales se degradan, los tapiales de sus fajas vienen abajo, toda su obra arquitectónica cae en el deterioro más absoluto y bajo sus señeras chimeneas los fogares ya solo incineran el recuerdo. De toda aquella obra, tan monumental como respetuosa, sobreviven en franca agonía ciertos elementos que pronto formarán parte del olvido. Por un lado, quedan todavía detalles de arquitectura popular que en la actualidad requerirían más de un proceso de recuperación que de conservación. De sus portales y dinteles, ventanas, balcones, y esos magníficos tejados y chimeneas pronto nos quedará solo registro gráfico. Su iglesia parroquial cuenta con ábside románico y otros elementos que la convierten en una auténtica joya de la arquitectura religiosa de estas comarcas. Aunque todavía conserva su techumbre, en los últimos diez años su deterioro ha sido notable; si alguna actuación no lo impide, no resistirá otra década. Nos hallamos ante especies en vías de extinción.

 

La dominación de la ladera mediante laboriosísimas tareas de abancalamiento para robar a la naturaleza el más mínimo espacio fértil es una de las características más propias de la influencia humana en el paisaje pirenaico y prepirenaico. Otras voces ya han reclamado antes atención hacia este aspecto paisajístico tan propio de estos valles… pues la zarza y la repoblación forestal poco honran el esfuerzo de tantas generaciones.

Hoy, quien desee acercarse a Otal puede hacerlo no sin algo de esfuerzo, por distintos itinerarios la mayoría de los cuales constituyen un aliciente en sí mismos. Encontramos sendas recuperadas que parten de Fiscal, atravesando lugares como Bergua o Escartín; Broto, por Yosa y sus bancales; Yésero, bordeando la mole de Erata; Olivan, recorriendo en lo posible las pistas del Sobrepuerto o los senderos que nos harán conocer otros lugares que fueron maravillas como Ainielle y Basarán; o el puerto de Cotefablo a través de los altos próximos al Pelopín, ruta que además nos regala unas vistas excepcionales de los valles subsidiarios de la vertiente sur de Tendenera y de las montañas de Ordesa. Eso sí, habrá que poner de nuestra parte algo de esfuerzo, almuerzo, mochila, zapatilla y calcetín. Y si todo esto lo invertimos en otoño… además del espectáculo del colorido de sus bosques al llegar la primavera cataremos el pacharán que sus excelentes arañones a buen seguro nos proveen. A ello desde luego, estáis invitados.

Fotografía y textos: Juan Brioso

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Subularia aquatica, la minúscula joya de los ibones. http://www.asafona.es/revista/?p=595 http://www.asafona.es/revista/?p=595#comments Fri, 01 Apr 2011 00:01:17 +0000 Manuel Bernal http://www.asafona.es/revista/?p=595 Subularia aquatica

Subularia aquatica

Subularia aquatica es una especie que desde las últimas glaciaciones ha encontrado refugio sumergida en las orillas de los ibones o lagos de montaña. En Aragón hay muy pocos datos sobre ella, en el Herbario del Instituto Pirenaico de Ecología únicamente hay cuatro citas que corresponden a los Ibones de Paderna y de Coll del Toro, ambos enclavados en el Parque Natural de Posets-Maladeta.

Es una planta de distribución circumboreal –territorios de Europa, Asia y América más próximos al Polo Norte-, presente en Rusia, Islandia, Escandinavia, Groenlandia, Alemania, Gran Bretaña, Bélgica, Francia, Balcanes y España; al parecer está extinguida en los Alpes. Los individuos presentes en América del Norte (Canadá y Estados Unidos) pueden corresponder a otra subespecie o variedad americana.

En la Península Ibérica presenta una distribución disyunta que hay que entender fruto del proceso de migración hacia el sur durante las glaciaciones cuaternarias, y que durante los periodos interglaciares de clima más cálido quedaron aisladas al abrigo de los lagos de montaña. Ibones o lagos donde la presencia de Subularia aquatica se va conociendo poco a poco y en fechas recientes.

En los Pirineos orientales aparece en Andorra en los lagos de Pessons;  y en Lérida en varios lagos desde el Valle de Arán hasta la Alta Cerdaña, siendo citada por Coste & Saulié en el lago de Colomers en 1913.

Hábitat Subularia aquatica

En el Pirineo oscense únicamente está presente en los dos ibones mencionados de la cabecera del Valle de Benasque. En el ibón de Paderna la encontraron en 1983 Gabriel y Juan Montserrat, y en 1994 José Vicente Ferrández la encontró en unas “basas” próximas al ibón de Coll de Toro. No obstante, existen citas de su existencia en los valles más occidentales del Pirineo aragonés, como la de  Margalef Mir, R., que en 1981 la señala en el ibón de Estanés, o la de García & Roa, de 1988, quienes la citan en la cabecera del Gállego. De estos dos lugares no existe material depositado en el Herbario de Jaca.

En el Sistema Ibérico se encuentra en la laguna Helada de Urbión-Soria, en el Sistema Central  en las lagunas de El Trampal en la Sierra de Béjar-Ávila y en el Macizo Galaico-Leonés en la laguna del Cuadrado en la Sierra Segundera-Zamora.

Las diversas Comunidades Autonómicas la fueron incluyendo en sus propios Catálogos de Especies Amenazadas. Cataluña fue la pionera al recogerla en el Plan de Espacios de Interés Natural (Decreto 328/1992, de 14 de diciembre).  Con posterioridad la incluye dentro de las especies de flora estrictamente protegidas en el Catálogo de Especies Amenazadas de Cataluña (Decreto 172/2008, de 26 de agosto)

En Aragón no aparece reflejada en el Catálogo de Especies en Peligro de Extinción (Decreto 49/1995, de 28 de marzo), a pesar de contar con documentación de su presencia en Benasque desde septiembre de 1983. Con posterioridad se la cataloga como de Interés Especial en la modificación y ampliación del mencionado Catálogo (Orden de 4 de marzo de 2004).

En Castilla-León está incluida en su Catálogo de Especies Amenazadas, como de interés especial, por Decreto 63/2007, de 14 de junio.

El hábitat de Subularia aquatica son las aguas oligotróficas de los ibones, frías y muy oxigenadas a la vez, con un contenido bajo en nutrientes y algas, donde permanece sumergida en las orillas sobre suelo limoso. El Macizo de la Madaleta es propicio para este tipo de aguas, ya que en él dominan las rocas graníticas de carácter silíceo, pobres en bases y con un pH ácido, lo que condiciona el carácter ácido de sus aguas. En algunos lagos catalanes donde se halla presente convive con helechos del género Isoetes (I. echinospora e I. lacustris) y Sparganium angustifolium.

Pertenece a la familia de las crucíferas y se trata de una pequeña hierba anual de unos ocho centímetros de altura, con tallo erecto, simple o muy poco ramificado. Hojas basales, lineares más o menos cilíndricas y acabadas en punta afilada. Inflorescencia en racimo paucifloro con 4-10 flores de pequeño tamaño. Pétalos blancos de 1 mm y fruto en silícula elíptica con dos cámaras o lóculos que contienen de 2 a 7 semillas por lóculo. Esta especie tiene la particularidad de que cuando permanece totalmente sumergida, las flores no se abren, se autopoliniza; mientras que cuando sus flores asoman del agua se abren con normalidad.

Subularia aquatica

Subularia aquatica fue descrita por Linneo en 1753, derivando su nombre genérico del latín subula=lezna, por el parecido de sus hojas con un punzón o lezna. El nombre específico nos indica que vive en el agua.

El mayor peligro que puede acechar a Subularia aquatica es la alteración de las aguas donde vive, por el aumento de la acumulación de los nutrientes o bajar el oxígeno disuelto en ellas, dando lugar a aguas eutróficas que cuando se colmatan se convierten en turberas. Igualmente supondría un peligro el represado de los ibones donde se localiza. También el pisoteo del fondo por parte del ganado.

Si tenemos la fortuna de pasear durante los meses de julio o agosto por las orillas de los ibones o lagos no debemos de dejar de mirar sus orillas, es posible que tengamos la suerte de encontrar esta rara planta. Pero, ¡¡cuidado!! no podemos ni debemos arrancarla; lo que podemos hacer es, tras fotografiarla, tomar su situación y comunicarlo al Instituto Pirenaico de Ecología.

Fotos y texto: Manuel Bernal

Para saber más sobre Subularia aquatica:

Sainz Ollero, H., F. Franco Múgica & J. Arias Torcal Estrategias para la conservación de la flora amenazada de Aragón. Serie Conservación. Consejo de Protección de la Naturaleza de Aragón, Zaragoza. 1996

VV.AA. Flora Ibérica Vol. IV Cruciferae-Monotropaceae, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Real Jardín Botánico (CSIC) 1993

VV.AA. Coord. (Eduardo Viñuales, Eduardo Sánchez y Manuel Alcántara) Catálogo de especies amenazadas en Aragón. Flora. Gobierno de Aragón (Departamento de Medio Ambiente) 2007

VILLAR, L; SESE, J.A. y FERRÁNDEZ J.V. Atlas de la flora del Pirineo Aragonés. Vol. I Consejo de la Protección de la Naturaleza e Instituto de Estudios Altoaragoneses. 2001

Normativa:

Plan de Espacios de Interés Natural de Cataluña, Decreto 328/1992, de 14 de diciembre

Modificación del Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón, Orden de 4 de marzo de 2004

Catálogo de Flora Protegida de Castilla y León, Decreto 63/2007, de 14 de junio

Catálogo de Flora Amenazada de Cataluña, Decreto 172/2008, de 26 de agosto

En Internet

Anales Jardín Botánico de Madrid, 1988

Atlas de la Flora de Aragón

Conservación Vegetal, Boletín 9

Contribució al Coneisement  Floristic de L’Alta Ribagorça i la Vall D’Aran. Enric Ballesteros

Distribución de los macrofitos de las aguas dulces y salobres del E y NE de España y dependencia de la concentración química del medio. Ramón Margalef Mir

Flora de Aragón

Flora Ibérica

Herbari Virtual del Mediterrani Occidental

http://www.rook.org/earl/bwca/nature/aquatics/subularia.html

http://www1.dnr.wa.gov/nhp/refdesk/fguide/pdf/subaqu.pdf

La vegetación de los Altos Valles del Ésera y del Noguera Ribagorzana (Pirineo Central) P. Ibarra & F. Pérez

Ministerio del Medio Ambiente. Hábitat de agua dulce

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Los glaciares pirenaicos http://www.asafona.es/revista/?p=505 http://www.asafona.es/revista/?p=505#comments Wed, 02 Mar 2011 11:52:47 +0000 Eduardo Viñuales Cobos http://www.asafona.es/revista/?p=505

La alta montaña pirenaica es un mundo aparte, con una naturaleza muy especial. En Aragón contamos con la suerte de conservar todavía algunos pequeños glaciares, hielos permanentes que son vestigio de grandes masas de hielo que miles de años atrás ocuparon las cabeceras de los valles pirenaicos. Entorno a ellos se halla un paisaje prístino de cumbres nevadas, crestas rocosas y morrenas glaciares donde aparece una fauna y flora impropia de estas latitudes: con plantas boreo-alpinas como la Androsace ciliata, y con aves de climas fríos como la perdiz nival o lagópodo alpino.

Nuestros glaciares son los últimos vestigios helados y móviles de unas pretéritas épocas frías que, parece ser, no volverán. Estas masas de hielo y nieve compactada retroceden en extensión cada año conformando un peculiar elemento paisajístico que es propio de la alta montaña pirenaica. Los glaciares se hallan también en peligro de extinción… pero, en esta ocasión, son el tiempo y el clima quienes deciden su pervivencia en estas elevaciones.

A pesar de ser un elemento paisajístico, se puede afirmar que los glaciares poseen vida. Están vivos ya que cuentan con su propia dinámica natural: en su parte superior captan grandes cantidades de nieve que por acumulación se compactan y convierten en hielo que, por efecto de la gravedad y las fuertes pendientes de las laderas, se desplaza hacia abajo hasta su final fusión y deshielo en la parte inferior.

Fruto de ese desplazamiento por encima de una base irregular, la masa de hielo -considerado un material plástico- experimenta fuertes tensiones que se traducen en la presencia de grandes grietas en la superficie del glaciar, generalmente ocultas por una capa superficial de nieve reciente -llamada “neviza”-. Estas grietas es lo que les diferencia externamente de los neveros que permanecen también en la montaña todo el año, pero que, sin embargo, no sufren movimiento.

Los glaciares son, por tanto, un importante agente erosivo que ha ido modelando y esculpiendo el fondo y las laderas de los valles pirenaicos. Al igual que los ríos, producen los efectos de captación, transporte y sedimentación de materiales rocosos.

Las últimas masas glaciares actuales se localizan en la vertiente central de los Pirineos, donde la cadena alcanza sus máximas altitudes, en torno a macizos que superan los tres mil metros de altitud. En la vertiente sur o española se cuentan poco más de una docena de masas de hielo móviles, todas ellas localizadas en la provincia de Huesca. Al importante conjunto de los Montes Malditos (Aneto-Maladeta), hay que sumar los existentes en las montañas de Balaitús, Infiernos, Marboré, Monte Perdido, Posets y Perdiguero. Algunos de estos glaciares escasamente superan las 5 hectáreas de superficie, que contrastan con el glaciar del Aneto de más de 90 hectáreas. La suma del conjunto total no rebasa las 400 has.

Todo ellos están protegidos por el Gobierno de Aragón bajo la figura de Monumentos Naturales. La última incorporación han sido los glaciares de la cara norte del Monte Perdido. Unas 800 hectáreas del macizo de Treserols, permiten aumentar un 25 por ciento esta superficie protegida, que pasa a ser de 3.190 hectáreas. La cara norte del Monte Perdido es uno de los complejos glaciares pirenaicos de mayor interés, debido a sus notables dimensiones y su especial morfología, así como su disposición en graderío. El glaciar se encuentra por encima de la cota de 2.700 metros y ha quedado dividido, por su dinámica de regresión, en dos áreas: el Inferior y el Superior.

Acantonados en los recovecos de un medio difícil e inhóspito, muchas veces objeto de negras leyendas, los del Pirineo Aragonés son los únicos glaciares que perviven en la península Ibérica, además de ser los más meridionales de toda Europa. El fotógrafo de naturaleza encontrará aquí, tras una exigente caminata, un escenario silencioso y hermoso donde fotografiar algunos de los paisajes y formas de vida más extremos de nuestra región.

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Ordesa, las cuatro estaciones de la venerable selva de los Pirineos http://www.asafona.es/revista/?p=415 http://www.asafona.es/revista/?p=415#comments Wed, 02 Mar 2011 09:10:04 +0000 Javier Ara Cajal http://www.asafona.es/revista/?p=415

Los comienzos

El valle de Ordesa es declarado parque nacional en 1918 como respuesta a la labor divulgativa y conservacionista de los primeros pirineistas, entre los que destacaron por su lucha tenaz y comprometida, Lucien Briet y Pedro Pidal. Fue el segundo de los parques nacionales españoles, Covadonga se adelantó en unos días, en principio la declaración afectaba a las 2.100 hectáreas de la cuenca del río Arazas, entre la cascada de la Cola de Caballo y su desembocadura en el río Ara, limitado lateralmente por las impresionantes murallas calcáreas del cañón.

La condición de Parque Nacional contribuyó a divulgar la fama de Ordesa y poco a poco fue creciendo el número de visitantes, al mismo tiempo que se incrementaron los estudios y publicaciones sobre sus riquezas naturales. A medida que aumentaba el conocimiento de los tesoros de Ordesa, entre los naturalistas y responsables del Parque, iba creciendo la convicción de que era necesario ampliar los límites del Parque Nacional, hasta abarcar todo el conjunto de valles por donde discurren las aguas procedentes del macizo de Monte Perdido. En la década de los setenta, se realizaron numerosos estudios encaminados a conocer su fauna, flora, hidrológica, etc, así como las repercusiones sobre los pueblos habitados que serian afectados por la ampliación.

Fue en 1982 cuando se extendió la superficie protegida hasta las 15.608 hectáreas con que cuenta en la actualidad y pasó a denominarse Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

El primer fotógrafo que se enamoró de las bellezas de Ordesa fue Lucien Briet, quién llegó a este valle por primera vez en 1.891 y a partir de entonces se convirtió en una dulce obsesión para él, en las dos décadas siguientes volvió en numerosas ocasiones. Allí se encontraba con nobles franceses que recorrían aquellos parajes como si fueran los primeros exploradores de estas montañas, con cazadores ingleses que ascendían por los riscos para abatir sarrios y bucardos, y con pastores procedentes de los pueblos de la zona. Tenía el francés una buena cámara de placas, precisa y pesada, con la que realizó mas de 1.600 placas de cristal, captaba imágenes de las cascadas, riscos, bosques y personajes de su querido Valle, al que él llamaba “la venerable selva de los Pirineos”.

Anotaba todo lo que veía y las sensaciones que los paisajes dejaban en su alma sensible. En invierno ordenaba sus materiales, revelaba las fotos y escribía artículos para los boletines que editaba el Club Alpino. Una placa con su rostro, en un discreto paraje a la orilla del río Arazas, le recuerda como el más célebre cantor de este parque.

Cada estación tiene sus atractivos y condicionantes. En primavera contrasta el frescor de las hojas recién salidas de las hayas con los neveros que todavía persisten en las umbrías del valle, mientras una flora excepcional crece en los lugares mas protegidos; por otra parte, muchos senderos todavía son impracticables a causa del hielo y la nieve, algunos años los peligros de aludes son muy persistentes.

El verano es el mejor momento para conocer las rutas de alta montaña con seguridad, la climatología es más estable y ha desaparecido la nieve con los problemas que suele plantear, el calor genera algo de calima en la atmósfera, pero también propicia la aparición de nubes tormentosas que adornan el paisaje. Sin duda la estación mas atractiva de Ordesa es el otoño: los bosques se llenan de colores, las primeras nieves ya cubren los picos mas altos y el sol del atardecer ilumina las paredes orientadas al sur con sus mejores ángulos.

Pasear por el bosque de las hayas bajo la cálida luz tamizada por las hojas, es un placer para todos los sentidos, que no deberíamos perdernos, obsesionados a veces en mirarlo todo a través del objetivo de nuestra cámara.

 

Durante el invierno se reducen las posibilidades de moverse por el Parque, el día es muy corto, la luz escasa, todo parece dormido y la austeridad se apodera de estos valles, pero las copiosas nevadas desafían a plasmar los atractivos de un paisaje en blanco y negro. Hay pocos visitantes y si tenemos la fortuna de ser sorprendidos por una nevada mientras caminamos por sus bosques, la experiencia resultará inolvidable.

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