Reflejos de Naturaleza » ordesa http://www.asafona.es/revista La revista on-line de ASAFONA Tue, 17 Mar 2015 11:57:22 +0000 en hourly 1 http://wordpress.org/?v=3.3.1 HACER “LO QUE NO HAY QUE HACER” EN FOTOGRAFIA http://www.asafona.es/revista/?p=4596 http://www.asafona.es/revista/?p=4596#comments Fri, 31 Jan 2014 22:00:33 +0000 Uge Fuertes Sanz http://www.asafona.es/revista/?p=4596 A menudo solemos seguir los dictados o leyes que estudiamos sin preguntarnos si hay otros caminos. En cualquier faceta de la vida damos por hecho que cosas o formas de hacer las cosas que nos han dicho o hemos asumido son las válidas. Eso facilita nuestro aprendizaje; seguir unos patrones que conocemos va bien para no equivocarnos o hacerlo en menor medida. Por contra, merma nuestra creatividad o experimentación y nos deja sin el placer de buscar cosas diferentes o equivocarnos mientras lo hacemos. Ese camino que algunos buscamos es más apasionante que dedicarnos a “clonar” lo que ya sabemos hacer, aunque el 99,9% de las veces no sale nada nuevo o si sale algo nuevo, son auténticos truños.

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre una sesión  de probatinas va esta entrada. Este otoño pude acercarme un día a Ordesa, los colores estaban ya muy pasados comparado con otros años para las mismas fechas. Iba con amigos “no muy fotógrafos” y el plan era básicamente andar. Con los años ya he aprendido que cuando voy a andar no hago fotos que merezcan la pena así que intenté reducir el equipo al máximo. Madrugamos poco y a lo que llegamos a la pradera de Ordesa ya había bastante gente. Cuando llegamos allí, unos amigos fotógrafos  de Madrid (Juan Pavón, Francisco José Jiménez Manzano y Emilio Blanco) ya volvían de fotografiar las luces del amanecer y los hielos y se iban a almorzar. Pensé para mi tras saludarlos sobre lo dura que es la vida del paisajista, y que a buen seguro hicieron fotos muy buenas que yo no seré capaz de hacer en la vida.

Comenzamos a andar. Hace años, antes de que afloraran mis dolores de espalda, yo suelo decir que era el campeón del mundo de paseo de trípode. Lo paseaba para que le diera el aire y que viera mundo.  Muchas veces ni lo usaba. Ahora lo saco más bien poco, para fotos  nocturnas, alguna larga exposición y poco más. Con esa perspectiva poco paisaje “tradicional” se puede hacer, sin buscar las luces, sin madrugar, sin trípode….

Decidí aplicar al paisaje algo que hago en algunas ocasiones en macro: Dos exposiciones en cámara, una enfocada y otra desenfocada, a pulso. Por probar que no quede, más aún, si vas  a andar más que a hacer fotos, los resultados no son ninguna cosa del otro mundo, pero me abre un nuevo camino haciendo “lo que no hay que hacer” una vez más.

Para hacer las imágenes seguí los siguientes pasos: Primero poner la cámara en modo de doble exposición, buscar un encuadre en lugares con un rango dinámico que el sensor pudiera solventar bien (casi todo a la sombra), luego enfocaba, desconectaba el enfoque automático. Tiraba la primera foto y sin mover la cámara (a pulso), giraba el anillo de enfoque, hasta que el paisaje saliera “difuminado”, después de eso tiraba la segunda foto. La cámara se encarga de coserlas y se genera un efecto variable “neblinoso” al superponer una foto nítida con otra desenfocada. El resultado es un solo raw un tanto extraño que podéis juzgar y criticar. En cámaras sin la opción de doble exposición, se puede hacer en el ordenador igual, generando un JPEG. Las dos series que os muestro, en el orden indicado (enfocada, desenfocada y final cosida en cámara), están sin retocar tal cual el raw de cámara, salvo la final que lleva ligero contraste y ajuste de temperatura.

Estas pruebas sirven como experimento para otras que te llevan a otras y así, en alguna ocasión, a base de equivocarse, se encuentran nuevos caminos más o menos creativos y experimentales.

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Entrevista a Iñaki Relanzón http://www.asafona.es/revista/?p=4024 http://www.asafona.es/revista/?p=4024#comments Thu, 01 Aug 2013 19:52:42 +0000 Marta http://www.asafona.es/revista/?p=4024

Durante la semana del 16 al 21  de septiembre, tendrán lugar las VIII Jornadas de Fotografía de Naturaleza que venimos celebrando anualmente desde Asafona. Como colofón a las conferencias contaremos con la presencia de Iñaki Relanzón (Barcelona-1972) fotógrafo de Naturaleza.

Mientras esperamos que lleguen las Jornadas, y para ir haciéndonos una idea de lo que vamos a ver y escuchar en esas ponencias, os dejamos una entrevista que le hemos realizado para conocerlo un poco mejor.

¿Cómo empezaste en esto de la fotografía?

Comencé de niño,  seguramente como muchos de vosotros. Pertenezco a la generación de Félix y Costeau. A mis 12 años conseguí comprar mi primera cámara réflex, una sencilla Minolta X30o. Con ella y con mis viejas Nikon Analógicas publiqué mi primer libro. He trabajado durante 15 años con cámaras analógicas de medio formato, placas y 35 mm.

¿Cuáles son tus temáticas favoritas?

Me considero un fotógrafo todo terreno. No me gusta sentir límites cuando realizo un proyecto. Por eso realizo imágenes de fauna salvaje, paisaje, fotografía aérea e incluso subacuática. Es mi modo de ver el mundo y no sabría hacerlo de otra manera.

 5 años en Madagascar, es uno de tus proyectos actuales. ¿Qué es lo que te llevó a realizarlo?  ¿Actualmente tienes algún otro proyecto en marcha?

Cuando era adolescente leí un libro del famoso Gerald Durrell, “El Aye-aye y yo”. Durrell fundó, años más tarde la Durrell Conservation Trust, que aún hoy en día, años después de su muerte, continúa trabajando en multitud de países. Y con mis imágenes he podido trabajar en sus proyectos en la gran isla africana, así como con otras organizaciones internacionales de conservación, como Conservation International o The Peregrine Found. Para mi, el componente conservacionista de mi trabajo es mucho más estimulante que otros aspectos que me interesan bien poco, como la competitividad en los concursos.

Actualmente estamos a punto de lanzar, con dos fotógrafos de gran prestigio internacional, Jaime Rojo y Francisco Marquez, el proyecto The Living Med, que nos llevará durante un tiempo indefinido a trabajar especies amenazadas de la ecoregión mediterránea, que incluye zonas terrestres y marinas de 30 países de Asia, Europa y África. Se puede ver una pincelada del proyecto en la web www.thelivingmed.org

 

¿Qué hay de tus viajes y las actividades que organizas?

Soy una persona proactiva. Me gusta tocar un buen número de ámbitos para que mi trabajo tenga matices a nivel personal. Los viajes fotográficos, así como los cursos y talleres que realizo me permiten estar en contacto con otra gente con intereses comunes, ya que habitualmente en mis proyectos o expediciones suelo viajar solo. Actualmente tengo lanzados un viaje a Madagascar y otro a Islandia, y estoy planificando un Indonesia/Borneo para el 2014.

Recientemente has publicado el libro “Ordesa. Las montañas de Celia”  que nos presentarás el próximo día 21. ¿Por qué Ordesa?

Ordesa fué mi primera gran aventura. Durante largos años participé y coordiné unas expediciones espeleológicas de un mes de duración con un campamento base a 2.800 metros. Allí, entre exploraciones y estudios científicos, descubrí un lugar salvaje, en el que pasábamos días sin ver a nadie. Los sarrios nos venían a visitar al campamento y algunas de mis vivencias más intensas pertenecen a aquella etapa, a la que he querido rendir homenaje con este libro tan personal.

¿Algún otro sitio de Aragón al que destacarías? ¿Por qué?

Cualquier rincón del alto Pirineo aragonés…. En realidad soy un ignorante, porque cada vez descubro que me quedan más rincones por descubrir de los que creía. Y en ese sentido me gusta ser un ignorante. También me han sorprendido paisajes más desconocidos, como los de Aliaga, en Teruel, por poner un sólo ejemplo.

Una de las ponencias de las VIII  Jornadas trata sobre los Time-lapses. ¿Puedes adelantarnos algo para los que no conocen esta nueva técnica?

Es una técnica con resultados espectaculares, que complementa mi trabajo como fotógrafo y permite dar mayor dinamismo a presentaciones multimedia. Es más sencillo de lo que parece y en el taller haremos una pequeña incursión en algunas técnicas básicas para poder realizar nuestros primeros time-lapses. En este episodio de mi serie “Making of” podéis ver un adelanto:

http://www.photosfera.com/es/videos/serie-making-of/listado-making-of/56-08-time-lapse.html

 ¿Con qué equipo trabajas?  ¿Cuál es tu lente/objetivo mimado? ¿Tu adquisición más reciente o que tienes en mente?

No doy demasiada importancia al equipo. Me parece vital poner énfasis en el sujeto y en conseguir imágenes que cuenten cosas. Aún así tengo un equipo que me permite solventar cualquier situación, especialmente cuando viajo. Utilizo Nikon desde siempre, y combino la D800 con la D3s y la D700 para la fotografía subacuática. Tengo ópticas que van desde el 12-24 f2.8 hasta el 600 mm f4, con 6 flashes, trampas fotográficas, carcasas y flashes subacuáticos, y multitud de herramientas e instrumentos para solventar situaciones sobre el terreno.

 

¿Quieres conocer mejor el trabajo de Iñaki Relanzón?  http://www.photosfera.com/es/

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Montañas del alto valle del Cinca http://www.asafona.es/revista/?p=3275 http://www.asafona.es/revista/?p=3275#comments Wed, 11 Apr 2012 11:46:02 +0000 Chavi http://www.asafona.es/revista/?p=3275

Tres Sorores y Tres Marías y barranco de La Pardina desde La Estiva

Las altas montañas del valle del río Cinca guardan algunos de los rincones más fotogénicos y carismáticos de todo el Pirineo.
El río Cinca y sus primeros tributarios: Barrosa, Cinqueta, Irués, Yaga y Bellos forman bonitos valles en el sector oriental de la comarca de Sobrarbe. Son, por este orden, los valles de Pineta, Barrosa, Chistau, Irués y La Valle, Escuaín y Añisclo.

A pesar de que resido hace ya muchos años en Zaragoza, el haber nacido en Ainsa me ha permitido ir conociendo estas montañas desde la niñez y recorrerlas sin prisas a lo largo de los años. En este artículo me centraré en las montañas y altos picos de esta parte del Pirineo, tratando de enumerar aquellos lugares más fotogénicos y accesibles, que constituyen excelentes atalayas para observar a estas montañas en su plenitud.

Castillo Mayor desde los prados de Sensa

Cuando fotografiar las montañas
La mayoría de las personas visitan estas montañas bien entrado el verano, especialmente en agosto. Es lógico, es cuando la mayoría tenemos vacaciones y cuando son más accesibles por la ausencia de nieve. A mí, particularmente, es cuando menos me gustan, pues además de encontrarnos con muchos otros visitantes, las veremos secas, sin nieve, y no parecen verdaderas montañas.

En otoño, o a veces al inicio del invierno, pequeñas nevadas tiñen de blanco los picos, mientras que las pistas y sendas de aproximación están despejadas de nieve y permiten ascender con facilidad. Además, la atmósfera suele estar más limpia que en el verano y hay mucho menos riesgo de tormentas eléctricas o de agua. Para mí esta es la época ideal para intentar pillar algún amanecer o atardecer, ya que además amanece tarde y así el madrugón no es tan severo y nos permite descansar mejor. Los buenos fotógrafos dormirán en la montaña para ver las primeras luces, pero yo, particularmente, siempre he sido perezoso para ello y actualmente mis obligaciones familiares me lo impiden.

Panorama del valle de Pineta desde La Estiva

Si los dos momentos mejores del día son el amanecer y el atardecer, generalmente en la montaña hay más bonitos amaneceres que atardeceres, ya que las nubes y brumas ascienden a medida que transcurre el día. Pero bueno, el amanecer siempre tiene el riesgo de madrugar para encontrarlo todo encapotado, pues ya sabemos que en las montañas los cambios atmosféricos son muy rápidos. De todas formas, la elección de amanecer o atardecer dependerá de nuestras posibilidades de tiempo disponible y de la orientación de las montañas que queremos fotografiar: nada mejor para ello que planificarlo previamente en un mapa.

La otra época más bonita para contemplar las montañas es el final de la primavera e inicios del verano, especialmente el mes de junio y también el de julio. De nuevo la montaña es más fácilmente accesible, y el verdor de los valles primaverales contrasta con la nieve de las alturas. Es verdad que en esta época últimamente asciendo poco a los altos valles y montañas, pues la primavera depara miles de posibilidades, siempre repleta de flores, insectos, pájaros, siempre falta tiempo para tantos proyectos.

Atardece en Tres Marías desde las cercanías de Cuello Arenas

Añisclo y Yaga: Tres Sorores y Tres Marías
Un lugar perfecto para contemplar las Tres Sorores y Tres Marías, y los valles de Añisclo y Ordesa, es ascender en vehículo desde Nerín hasta Cuello Arenas. En verano se puede recurrir a los minibuses previo pago, pero generalmente, durante el invierno es posible subir con vehículo privado mientras están en funcionamiento las pistas de esquí de fondo. Desde allí, en sólo 30’ o 45’ a pie se alcanza La Estiva, con preciosas vistas al atardecer sobre el Monte Perdido y las Tres Sorores, Tres Marías y Añisclo. En 1h 15’ podemos alcanzar el mirador de Ziarracils, perfecto para ver Ordesa y las Tres Sorores al atardecer. Preciosas son las vistas de atardecer desde Sierra Custodia, con Ordesa y Añisclo a nuestros pies, aunque cuesta casi 2h desde Cuello Arenas.

Otra preciosa vista, mucho más cómoda, a pie de coche, es contemplar el cañón de Añisclo flanqueado por Mondotó y Sestrales desde el ascenso al pueblo de Vió, concretamente desde el alto de Larviesa.

Entre Puértolas y Bestué, una pista asciende a Plana Canal y Sensa, una preciosa atalaya sobre los cortados de Añisclo, donde al amanecer se contemplan bellas estampas con las Tres Sorores y Tres Marías como telón de fondo, especialmente si caminamos hacia las Sestrales. Las Sestrales se alcanzan a 2h a pie desde la cadena que cierra la pista en Plana Canal, y constituyen un espectacular balcón sobre el cañón de Añisclo.

Plana Canal también presenta bonitas vistas de atardecer sobre Castillo Mayor y el macizo de Cotiella-Sierra Ferrera. También podemos desde Plana Canal ascender a Basones, a 1h 15’ a pie, desde donde veremos además el valle del Yaga enmarcado por la Sierra de las Sucas, aunque desde aquí, esta Sierra tiene mejores luces al atardecer.

Peña Llerga y Cotiella desde Puértolas

Antes, durante el mismo ascenso a Sensa en vehículo, la pista nos acerca prácticamente a Cuello Ratón, desde donde también hay buenas panorámicas sobre la Sierra de las Sucas y el Valle del Yaga, de nuevo mejor al atardecer.

Cotiella y sus estribaciones desde el valle del Cinca
Los alrededores de los pueblos de Puértolas y Tella son bonitas atalayas para contemplar el macizo de Cotiella y el resto de montañas propias de su manto de corrimiento, sobresaliendo Peña Llerga y Peña Montañesa con la Sierra Ferrera. Eso sí, se prestan especialmente para los atardeceres.

El Valle de Pineta
El Valle de Pineta, con las Tres Sorores, Tres Marías y la Sierra de las Sucas cayendo vertiginosamente hasta el mismo río Cinca constituye en sí mismo uno de los lugares más espléndidos de todo el Pirineo.

Pineta desde la sierra de Espierba

El amanecer es el mejor momento para contemplar la fuerza de estas montañas, pues las luces se cuelan pronto a lo largo del valle glaciar. El pueblecito de Espierba es un buen comienzo para observar las primeras luces sobre estas montañas. Desde allí, una pista asciende a Diera, otra a la Sierra de Espierba y el collado Sarratillons, ambas con bonitas vistas, pero la más espectacular es la que asciende a La Estiva, que está cerrada al tráfico rodado. En la Estiva, que se alcanza tras 10km de pista y 3h a pie, a unos 2.000 metros de altitud, nos situamos en una atalaya perfecta para contemplar las montañas y el valle. Si no nos atrevemos con el ascenso a La Estiva, podemos subir desde el Parador de Monte Perdido a La Larri y, siguiendo el sendero GR11 subir hasta donde consideremos.

Monte Perdido desde Espierba

Pero si queremos contemplar más de cerca el Monte Perdido y su mítico glaciar, sumido en una preocupante regresión, deberemos ascender hasta el Balcón de Pineta y el ibón de Marboré, en una dura ascensión de 4h que no es posible hacerla con nieve debido a su vertiginosa senda y el riesgo de aludes.

Glaciar de Monte Perdido y Cilindro desde el ibón de Marboré

Un lugar con una vista espectacular sobre Pineta y sus montañas es el Mallo Gran, colgado cual pájaro sobre el valle. Pero para llegar a él es preciso realizar un fuerte ascenso de unas 4h 30’ desde Revilla o desde la pista que asciende por encima del dolmen de Tella.

El valle de Chistau
A través del bello valle de Chistau podemos alcanzar tanto montañas del macizo de Cotiella como del alto Pirineo Axial. Puntos bonitos y muy accesibles para visitar Cotiella son por ejemplo el Ibon de Plan o Basa de La Mora (a sólo 20’ a pie desde el final de la pista). Desde el Ibón se puede ascender a la Peña Mediodía en 1h 45’ más, con bellas vistas sobre el valle, sus pueblos y más a lo lejos las altas montañas de Culfreda, Bachimala y Posets.

Posets o Llardana y los Eriste desde El Montó

Desde Plan se alcanza el collado de Sahún, desde donde un corto paseo de 30’ nos lleva a la Cazanía, con bellas vistas sobre el macizo de Cotiella al amanecer; y también bonitas panorámicas sobre el valle de Benasque y el macizo de la Maladeta.

Existen múltiples puntos para observar los altos macizos del valle: Culfreda, Bachimala, Posets o Llardana y Eriste o Bagüeñola, pero mi favorito es el Montó (2478 m). Para ello ascenderemos a pie desde el hospital de Chistén en 3h 15’ o bien tomaremos el ramal de pista que nos lleva a las bordas de Lisier y desde allí en 2h 30’ a pie alcanzaremos este pico de vistas preciosas sobre el alto valle de Chistau, tanto de amanecer como especialmente de atardecer.

Otra opción es tomar la pista que asciende al ibón de Urdiceto. En las cercanías del ibón se encuentra la Collata Chistén y a menos de 1h el pico de las Tres Güegas, con bellas vistas hacia los macizos de Posets y Eriste y al valle francés de Riomajou.

Técnica
Respecto a la técnica hay poco que contar, lo costoso es estar en el lugar y momento adecuado. Una vez allí, tomar la foto no tiene mucho misterio y menos ahora con el desarrollo de la fotografía digital, en el que tomar una imagen donde las altas luces y las sombras conserven los detalles, es mucho mas sencillo que con las antiguas diapositivas. Eso sí, ajustar la exposición lo mejor posible usando el histograma es imprescindible. En caso necesario, siempre puede realizarse una foto de HDR (alto rango dinámico). Pero en escenas muy contrastadas, yo prefiero por su rapidez y naturalidad usar filtros degradados neutros. Filtros cuadrados, desde luego, para poder hacer coincidir el horizonte con la transición del filtro. Me gusta especialmente el de tres pasos (ND8), el de Cokin da una dominante magenta que puede ser útil en atardeceres y amaneceres, pero como a veces molesta, suelo llevar también uno de la marca Hitech que no da apenas dominantes y también tiene una buena relación calidad-precio.

Bordas de Biadós con el Posets o Llardana al fondo

Tampoco conviene olvidar la utilidad de realizar panorámicas. Si el sujeto es un paisaje lejano, no será necesario usar rotulas panorámicas ni buscar el punto nodal, e incluso pueden valer series de fotos disparadas sin trípode, aunque siempre es aconsejable usarlo. En mi caso, para no cargar con mucho peso, suelo apañarme con un trípode muy pequeño y ligero (Slik modelo Sprint mini gm) y con una regleta ligera como las del flash, con una escala milimétrica pegada que me sirve para corregir una panorámica por el punto nodal (solo vale para series de fotos tomadas con la cámara en posición horizontal, no en vertical).

Solo os animo desde aquí a que disfrutéis de estas bellas montañas y sus profundos valles, que llenan mi mente de tantos y tan buenos momentos, que las contempléis despacio y que os llevéis ese recuerdo plasmado en unas preciosas imágenes.

Autor: Joaquín Guerrero Campo
jguerrero8888@yahoo.es

www.fotoaragon.es

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Ordesa, las cuatro estaciones de la venerable selva de los Pirineos http://www.asafona.es/revista/?p=415 http://www.asafona.es/revista/?p=415#comments Wed, 02 Mar 2011 09:10:04 +0000 Javier Ara Cajal http://www.asafona.es/revista/?p=415

Los comienzos

El valle de Ordesa es declarado parque nacional en 1918 como respuesta a la labor divulgativa y conservacionista de los primeros pirineistas, entre los que destacaron por su lucha tenaz y comprometida, Lucien Briet y Pedro Pidal. Fue el segundo de los parques nacionales españoles, Covadonga se adelantó en unos días, en principio la declaración afectaba a las 2.100 hectáreas de la cuenca del río Arazas, entre la cascada de la Cola de Caballo y su desembocadura en el río Ara, limitado lateralmente por las impresionantes murallas calcáreas del cañón.

La condición de Parque Nacional contribuyó a divulgar la fama de Ordesa y poco a poco fue creciendo el número de visitantes, al mismo tiempo que se incrementaron los estudios y publicaciones sobre sus riquezas naturales. A medida que aumentaba el conocimiento de los tesoros de Ordesa, entre los naturalistas y responsables del Parque, iba creciendo la convicción de que era necesario ampliar los límites del Parque Nacional, hasta abarcar todo el conjunto de valles por donde discurren las aguas procedentes del macizo de Monte Perdido. En la década de los setenta, se realizaron numerosos estudios encaminados a conocer su fauna, flora, hidrológica, etc, así como las repercusiones sobre los pueblos habitados que serian afectados por la ampliación.

Fue en 1982 cuando se extendió la superficie protegida hasta las 15.608 hectáreas con que cuenta en la actualidad y pasó a denominarse Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

El primer fotógrafo que se enamoró de las bellezas de Ordesa fue Lucien Briet, quién llegó a este valle por primera vez en 1.891 y a partir de entonces se convirtió en una dulce obsesión para él, en las dos décadas siguientes volvió en numerosas ocasiones. Allí se encontraba con nobles franceses que recorrían aquellos parajes como si fueran los primeros exploradores de estas montañas, con cazadores ingleses que ascendían por los riscos para abatir sarrios y bucardos, y con pastores procedentes de los pueblos de la zona. Tenía el francés una buena cámara de placas, precisa y pesada, con la que realizó mas de 1.600 placas de cristal, captaba imágenes de las cascadas, riscos, bosques y personajes de su querido Valle, al que él llamaba “la venerable selva de los Pirineos”.

Anotaba todo lo que veía y las sensaciones que los paisajes dejaban en su alma sensible. En invierno ordenaba sus materiales, revelaba las fotos y escribía artículos para los boletines que editaba el Club Alpino. Una placa con su rostro, en un discreto paraje a la orilla del río Arazas, le recuerda como el más célebre cantor de este parque.

Cada estación tiene sus atractivos y condicionantes. En primavera contrasta el frescor de las hojas recién salidas de las hayas con los neveros que todavía persisten en las umbrías del valle, mientras una flora excepcional crece en los lugares mas protegidos; por otra parte, muchos senderos todavía son impracticables a causa del hielo y la nieve, algunos años los peligros de aludes son muy persistentes.

El verano es el mejor momento para conocer las rutas de alta montaña con seguridad, la climatología es más estable y ha desaparecido la nieve con los problemas que suele plantear, el calor genera algo de calima en la atmósfera, pero también propicia la aparición de nubes tormentosas que adornan el paisaje. Sin duda la estación mas atractiva de Ordesa es el otoño: los bosques se llenan de colores, las primeras nieves ya cubren los picos mas altos y el sol del atardecer ilumina las paredes orientadas al sur con sus mejores ángulos.

Pasear por el bosque de las hayas bajo la cálida luz tamizada por las hojas, es un placer para todos los sentidos, que no deberíamos perdernos, obsesionados a veces en mirarlo todo a través del objetivo de nuestra cámara.

 

Durante el invierno se reducen las posibilidades de moverse por el Parque, el día es muy corto, la luz escasa, todo parece dormido y la austeridad se apodera de estos valles, pero las copiosas nevadas desafían a plasmar los atractivos de un paisaje en blanco y negro. Hay pocos visitantes y si tenemos la fortuna de ser sorprendidos por una nevada mientras caminamos por sus bosques, la experiencia resultará inolvidable.

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