Reflejos de Naturaleza » Capreolus capreolus http://www.asafona.es/revista La revista on-line de ASAFONA Tue, 17 Mar 2015 11:57:22 +0000 en hourly 1 http://wordpress.org/?v=3.3.1 El duende del bosque, tras el rastro del corzo http://www.asafona.es/revista/?p=2520 http://www.asafona.es/revista/?p=2520#comments Wed, 31 Aug 2011 22:01:24 +0000 Alberto Portero Garcés http://www.asafona.es/revista/?p=2520

Ejemplar hembra de corzo

El corzo (Capreolus capreolus), es el menor de todos los cérvidos europeos con un peso que oscila entre los 15 y 25 kilos, dependiendo de sexos e individuos, y una pequeña cuerna, generalmente de tres puntas, que portan sólo los machos y que renuevan anualmente.  Habitante de las masas boscosas, su paso fugaz y fantasmal es lo más que muchas veces veremos de él, pero con paciencia y conociendo su biología, podremos obtener imágenes  de esta bonita especie.

Tradicionalmente asociado a las formaciones boscosas, el corzo es también capaz de adaptarse sin problemas a zonas de matorrales donde encama por el día, siempre que se den unas características mínimas en cuanto a refugios, tranquilidad y zonas de alimentación, presentando las mayores densidades en los ecosistemas mixtos donde el bosque o los matorrales cerrados se alternan con zonas despejadas de pastizales o cultivos.

Biología y distribución en Aragón

Hasta hace unos 20 años el corzo era un total desconocido para el territorio aragonés, estando localizado en contados puntos del Sistema Ibérico Zaragozano (Moncayo y quizás alto Manubles).  Desde entonces hasta la actualidad la situación es bien distinta pues la especie se ha extendido por la práctica totalidad del territorio, en algunos lugares con densidades bastante altas.  Esta última circusntancia ha llevado al sector cinegético, con la Federación Aragonesa de Caza a la cabeza, a considerar a la especie como una invasora, siendo la propia administración la que ha adoptado una gestión orientada en muchos casos a llevar a la especie a unas densidades mínimas e incluso sin cupos para erradicarla.  Bastaría que el interés por el conocimiento y el hábito a la lectura se apoderara de los sectores anteriormente citados para comprobar que la especie de invasora no tiene nada, sino que ya Madoz en su obra “Diccionario Geográfico-Estadístico de España y sus Posesiones de Ultramar” de 1845, cita la presencia de la especie en todo el Pirineo y en el Sistema Ibérico, tanto zaragozano como turolense.  Así pues, fue más bien la presión del hombre hacia los bosques a través de la agricultura, la ganadería y las leñas, lo que provocó la pérdida de hábitat para la especie durante el siglo XIX y principios del XX, provocando la práctica desaparición del corzo del territorio aragonés.  Tendencia que se invierte con el flujo migratorio desde el medio rural al urbano, provocando el progresivo abandono de las tierras de cultivo y la ganaderia, lo que ha favorecido la recuperación del matorral y el bosque, poniendo a disposición del corzo miles de hectáreas de hábitat óptimo, que ha ido recolonizando.

Grupo de 3 hembras y un macho con la cuerna sin descorrear

La biología de la especie es singular, el celo se desarrolla en la época estival (junio, julio, agosto) y es entonces cuando los machos que son territoriales, emiten su característico “ladrido”, marcan el territorio, se desafían y luchan por las hembras.  Estas una vez fecundadas, interrumpen la embriogénesis durante 5 meses, fenómeno único en todo el grupo de los artiodáctilos, en los que el embrión queda en estado latente, volviendo a desarrollarse  con posterioridad, al objeto de hacer coincidir la época de partos con la época más favorable en el monte (mediados-finales de primavera).

Fotografiando al corzo

Nuestro primer paso ha de ser dirigirnos allí donde haya corzos, como he comentado antes la especie se distribuye por la práctica totalidad de Aragón en la que existen hábitats adecuados, evitando las grandes extensiones agrícolas más monótonas e intensivas.  No obstante una buena ayuda para tener la certeza de su presencia es tratar de localizar los rastros tan características que deja: por un lado sus huellas son inconfundibles por su típica forma de corazón, que quedan bien patentes tanto en barro como en nieve, los grupos de excrementos también le delatan y por último el marcaje del territorio o el descorreamiento por parte del macho deja unas señales evidentes de descortezado en árboles jóvenes

Rastros de corzo: descortezado, excremento y huella

 

Una vez en el sitio adecuado, debemos de saber que el corzo es un animal de actividad principalmente nocturna con picos al atardecer y al alba, permaneciendo encamado en un lugar seguro durante el día.  Así pues van a ser las últimas horas del día o el amanecer los momentos en que más posibilidades de obtener resultados tendremos.  Las modalidades son dos, o bien podemos pistear en coche para tratar de soprenderlos seguros de que la curiosidad innata nos ofrecera una oportunidad cuando en su huída hagan una paradita para mirarnos por última vez, modalidad recomendada en aquellas zonas en las que los cultivos de cereal sean escasos; o bien aprovechar el momento en el que las siembras de cereal ofrecen un alimento abundante y de calidad a partir de finales de marzo, para realizar esperas.  En este último caso deberemos estudiar a distancia la zona para comprobar los sitios a donde salen a comer, para en días posteriores apostarnos en el linde del campo, teniendo en cuenta eso sí la luz idónea y sobre todo el sentido del viento que impida que nuestra olor nos delate, en cuyo caso los corzos huirán aunque no nos hayan visto.

 

Ejemplar macho adulto con la típica cuerna de tres puntas

 

Como equipo, imprescindible un tele de 300 para arriba y cuanto más luminoso mejor ya que las luces escasas nos obligarán a trabajar a velocidades bajas o isos altos, que en el caso de pistear deberemos llevar siempre montado y listo para cogerlo junto a algún saquito, pinza o similar para apoyar en la ventanilla.  En las esperas, un trípode sólido y redes de camuflaje para ocultarnos serán esenciales.  Con estas premisas, sólo nos queda probar suerte con esta bonita especie, muchas veces olvidada por otras más populares y espectaculares como el ciervo o la cabra montés, pero para mí de insuperable belleza en su mirada.

 

Pareja de corzos al atardecer en un campo entre encinar

 

Amenazas

Prácticamente sin depredadores naturales ante la ausencia del lobo en Aragón, sólo los ejemplares jóvenes son objeto de ataques por parte del Aguila real (Aguila chrysaetos), cosa que algunos ejemplares realizan asiduamente en aquellos lugares en los que la densidad del corzo es alta y por lo tanto en la época de partos es una presa frecuente y bastante apetecible por su tamaño para trasladar al nido, situación que he podido comprobar personalmente en varias ocasiones.

 

Una causa de mortalidad alta son los atropellos en carretera, si bien su mayor amenaza lo constituye la caza furtiva, muy arraigada, y la penosa gestión que de la especie se viene haciendo desde la adminsitración , permitiéndose en gran parte de Aragón su caza sin ningún tipo de límite en cuanto a número de capturas, y permitiendo la caza de hembras preñadas o acompañadas de las crías,  gestión que no tiene parangón un ningún otro lugar de España ni de Europa, lo que se ha traducido en una disminución drástica de su número.

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